Los niños, con mayor riesgo de ser mordidos porque no saben que un perro puede atacar si se asusta.

22-12-17

Los niños, con mayor riesgo de ser mordidos porque no saben que un perro puede atacar si se asusta.

El estudio analizó si la explicación es que son incapaces de reconocer con precisión las emociones de un perro cuando se acercan a uno.

Los niños entienden los riesgos de acercarse a un perro enojado, pero no son conscientes de que deben mostrar la misma precaución con los perros asustados. Así concluye el estudio realizado por las doctoras Sarah Rose y Grace Aldridge, de la Universidad de Staffordshire, en Reino Unido, y que recoge EP. Las conclusiones de este estudio se presentaron este miércoles en la Sección de Psicología del Desarrollo de la Conferencia Anual de 2016 de la Sociedad británica de Psicológica, que se celebra en Belfast.

 

Según la doctora Sarah Rose, “las estadísticas de UK muestran que los niños pequeños son los que tienen mayor riesgo de ser mordidos por un perro, con cerca de 1.200 ingresos hospitalarios en los menores de 10 años durante 2013- 2014".

El estudio analizó si la explicación es que son incapaces de reconocer 

con precisión las emociones de un perro cuando se acercan a uno. Para llevarlo a cabo, se pidió a dos grupos de niños de 4 a 5 años (57) y de 6 a 7 años de edad (61) que vieran 15 vídeos y 15 imágenes que mostraban el comportamiento de los perros en la vida real. Los vídeos duraban entre 6 y 11 segundos y la única información auditiva que tenían era el ladrido del perro.

A ambos grupos se le hicieron preguntas relativas a su intención de acercarse al perro ("¿Te gustaría jugar con ese perro?") y qué emoción pensaban que el perro estaba experimentando ("¿Cómo crees que se siente este perro: feliz, enojado, asustado?").

Tal y como recoge EP, el análisis de los resultados mostró que los niños reconocen cuándo el animal está feliz, enojado y asustado en los vídeos y las imágenes por encima del nivel de azar, reconociendo los perros furiosos con mayor precisión que los felices o asustados. Sin embargo, aunque los niños tenían menos probabilidades de acercarse a un perro enojado, no había diferencia en su inclinación a acercarse a un perro feliz o asustado.